sábado, 13 de diciembre de 2014

APARIENCIAS ENGAÑOSAS

Lo reconozco, más veces de las que me gustaría, juzgo a las personas sin conocer. Me duele, no me gusta que la gente haga lo mismo conmigo, la mayoría de veces se equivocan, ¡me equivoco!

Hablando claro, creo que todos estamos de acuerdo en que te apetece más conocer a una persona que esté de buen ver, cuidada, bien vestida, con saber estar... que no a otra con todo lo contrario. Es así, pero cada vez más, acercándome a lo que creo que es la ¿madurez?, me doy cuenta que me vuelvo a equivocar. 
Pongámonos en situación: Dos puertas. Dos personas. Elige una. Solo tenemos el físico y la apariencia para elegir y probablemente acabaríamos eligiendo a la equivocada. De verdad, ¿No os ha pasado que, de repente, alguien que en un primer momento te ha parecido de lo más horripilante, con ese rictus neutro e inexpresivo, después, al empezar a hablar, es tan inteligente y bueno que se te olvida?

No quiero decir que todos seamos perfectos, eh... Todos tenemos defectos y hay personas que pueden considerarse hasta repulsivas. Pero lo serán para unos por determinadas vivencias, y podrán ser para otros de lo mejor, nunca se sabe. 

Con estas palabras, tal vez triviales (no nos vamos a engañar, esta teoría todos la sabemos), hago una reflexión a todos: Conoced a las personas, no juzguéis nunca sin conocer, te llevaras más sorpresas gratas de las que crees (lo digo por experiencia propia, ya he dicho que soy el primero que debe cambiar), ¡qué viva el diálogo y el respeto!... que tristes e ignorantes aquellos que lo utilizan para hacer daño.

He aquí un claro ejemplo de que todo depende del modo en que lo mires (jjjj):


Hasta pronto, 

J.

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